Una buena biblioteca puede ser razón suficiente para elegir dónde tomar un café. Y en tiempos en que las experiencias gastronómicas van mucho más allá de comer y beber, no sorprende que algunos cafés literarios aparezcan como alternativas interesantes para una pausa en medio de la ciudad.
Estos espacios de Buenos Aires, cuyo auge local se dio en las primeras décadas del siglo XX, combinan libros, gastronomía y programación cultural, con propuestas que van desde bibliotecas abiertas para leer en la mesa hasta presentaciones, talleres y ciclos de poesía.
En los años 60 también se transformaron en sede de la bohemia local y tuvieron su último momento de esplendor a fines de los 80. Actualmente no es común encontrarlos, pero hay propuestas bien armadas que mantienen el mismo espíritu de siempre de este tipo de bares.
Con mayor o menor cercanía al formato más tradicional de cafés literarios, van entonces cinco opciones donde la literatura ocupa un lugar central.

Entre estanterías que alguna vez pertenecieron a una farmacia, vajilla de porcelana antigua y un tocadiscos de los años 40, Ifigenia propone recuperar un placer bastante simple: sentarse a leer tranquilo. Este café literario de San Telmo nació de la mano de Isabela Nouel, emprendedora venezolana que convirtió su amor por los libros en un refugio cultural con perspectiva feminista. Su biblioteca abierta reúne alrededor de mil títulos de narrativa, poesía, ensayo y literatura infantil, con especial atención a las obras escritas por mujeres. Todo acompaña esa invitación a bajar un cambio: el ambiente azul, la música analógica y una carta artesanal elaborada con productos orgánicos o agroecológicos.
Para comer, hay chipa, arepas de masa de remolacha con huevos revueltos, queso y palta, pastafrola de mango, tortas con frutas de estación y pepas de membrillo y almendras. El café llega desde la región hondureña de Copán y también se sirven tés, limonadas caseras y vinos biodinámicos. Además, el espacio organiza talleres de lectura y escritura, ciclos de poesía, encuentros musicales, ferias editoriales y clases de tango.
Bolívar 1049, San Telmo.

En una zona de Caballito con bastante movimiento, Atlántica logra que puertas adentro el ritmo sea otro. La librería presenta una selección cuidada de narrativa latinoamericana, poesía, historieta, novela gráfica, cine y música, con estanterías que dan ganas de revisar sin una búsqueda demasiado precisa. Las mesas suelen estar ocupadas por lectores, personas escribiendo o grupos. Esa vida barrial continúa con presentaciones de libros, ciclos de poesía y noches de piano que convierten al espacio en algo más que una librería con cafetería.
Para acompañar, la carta tiene café de especialidad, limonadas y pomeladas, además de propuestas dulces y saladas con alternativas veganas y sin gluten. Entre las opciones aparecen un chipá relleno de jamón y queso, y un omelette con hojas verdes.
Av. Directorio 101 y 115, Caballito.
#. La Poesía.

Hay bares que conservan recuerdos y otros que parecen seguir fabricándolos. La Poesía pertenece a los dos grupos. Abierto originalmente en 1982 por el escritor Rubén Derlis, este Bar Notable en Chile y Bolívar fue punto de encuentro de poetas, intelectuales y artistas ligados a la vida cultural de San Telmo. Ese pasado permanece a la vista: las mesas llevan nombres grabados en bronce, una galería reúne 120 retratos de referentes de las letras argentinas y, entre sifones, carteles publicitarios y botellas antiguas, todavía se respira cierta bohemia porteña. Tras cerrar en 1988 y reabrir en 2009, recuperó también su lugar como escenario de presentaciones de libros, lecturas, tango, jazz, cine y micrófonos abiertos.
La carta acompaña sin abandonar el espíritu de café y bodegón: hay café con leche y medialunas, tortilla española, milanesa napolitana, platos de olla y un sándwich de lengua a la vinagreta que ya es un clásico. Para compartir, la Picada Las Letras combina fiambres de elaboración propia, quesos y pan casero, ideal para acompañar con vermú de grifo, sidra tirada, cerveza o un pingüino de vino.
Chile 502, en San Telmo.

La vidriera funciona como una primera recomendación de lectura: una selección cuidada de libros que anticipa el espíritu del lugar antes de cruzar la puerta. Adentro, Medio Pan y un Libro combina librería y café de especialidad en un espacio cálido, de luz tenue y conversaciones sin apuro. El sector de take away se integra naturalmente a la vereda, pero vale la pena quedarse: recorrer las estanterías, descubrir las novedades del mes o dejarse orientar entre títulos mientras llega el café.
Virrey Avilés 3686, Villa Ortúzar.
#. Posdata Café.

No todos los espacios de esta lista giran alrededor de libros: Posdata lo hace alrededor de la escritura. Presentado como el primer café postal de la Argentina, este local de Retiro funciona también como una unidad postal real donde es posible elegir papel, escribir una carta a mano, cerrarla con lacre y enviarla a cualquier punto del país. La ambientación recupera la estética de una antigua oficina de correo e incluye casillas propias, disponibles para quienes se suscriben al Club Posdata. La membresía suma una carta mensual con envío nacional y la custodia de la correspondencia en una casilla con llave.
Mientras tanto, la cafetería trabaja con granos de Motofeca y completa la propuesta con opciones dulces, saladas y café para llevar. Más que una postal nostálgica, es una buena excusa para volver a escribir algo que no llegue convertido en notificación.
Presidente Manuel Quintana 48, Retiro.



